“ le oenoalchemist”
“Por los caminos de la cultura del siglo XV ocurrió algo muy
curioso cuando los compositores decidieron emprender la búsqueda de su
identidad, porque cuando apenas se había
alcanzado el alto renacimiento esa búsqueda ya había sido substituida por una
competición que decía: tengo que superar tu sistema porque la historia sugiere
que así lo haga. La historia de la
música ya se había convertido asi en un firmamento de momentos estelares.
Obviamente, uno de esos momentos fue el
que se alcanzó con el Ricercare a seis de la Ofrende musical de Bach, otro La
gran fuga de Beethoven, el opus 9 de Schonberg o sin duda las miniaturas de
Webern etc.”
Lo verdaderamente extraordinario de esta historia son los
caminos no negados a esa búsqueda espiritual que sostiene el firmamento de las identidades.
Uno de esos caminos , el recorrido por Orlando Gibbons con su Lord of Salisbury
Pavan habia maravillado a Glenn Gould en plena Peynaudization.
Como todos los lenguajes de culto del vino, la música debe
seguir brillando en aquello que, en última instancia, traspasa las barreras silenciosas
del cielo mudo, debe seguir siendo un delicioso capricho con matices míticos, saboreando
para describir los himnos más puros, como El Pecado 2007 de Raúl Pérez. El gusto del
vino también ha cambiado. Ya no escuchamos lo mismo que antes, porque tampoco
comemos lo mismo, pero esto es precisamente lo que nos devuelve toda
la riqueza del vino y especialmente La Penitencia 2011, identidad espiritual donde se expresa especialmente esa capacidad
de reestructuración necesaria para continuar por los caminos de Gibbons.


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