Wine Bierzo

Bonum vinum laetificat cor hominis “el buen vino alegra el corazón del hombre”

lunes, 31 de diciembre de 2012

Winterreise (Viaje de invierno en el exilio)








La naturaleza romántica de nuestra juventud reside en aquel caluroso círculo de amistad donde mejor se sentía Franz Schubert. Hoy esa generación de europeos indignados que encarnan lo mejor y que solo se alimentan  en la emigración con poemas de un nuevo Winterreise,  inician el paseo helado camino del exilio a través de un paisaje invernal, gélido y sombrío, tras conocer que su amada patria les ha rechazado.
 No en vano el propio Arnold Schönberg atribuyó a su experiencia de escuchar los Lieder de Schubert la comprensión de la relación entre música y texto: “sin conocer el poema había comprendido el contenido, el contenido real, más fácil y profundamente que si me hubiera detenido superficialmente en el verdadero pensamiento de las palabras” (La Relación con el Texto, Der Blaue Reiter). Y prosigue así: “De la misma manera en que una palabra, una mirada, un gesto, el andar y hasta el color del pelo bastan para reconocer la manera de ser de un hombre. Así llegué, en los Lieder de Schubert, a comprender perfectamente su poesía, solamente a través de la música…, solamente a través del sonido.”
El viajero como mito o prototipo romántico aún conservaba entonces como ahora la impronta de Ulises, al poseer la esperanza del regreso, hasta que el sentimiento permanente de sentirse arrancado de cuajo del lugar de origen apareció de forma clara en el Hyperion de Hölderlin, uno de los poetas más admirados por Müller: “¡Ay! para el salvaje pecho del hombre no hay patria alguna posible”.
En la canción final del Winterreise, la evidencia de la instrumentación no sólo se refleja en la zanfoña de Matthias Loibner, sino también en la desesperanza, en el vacío, en la lucha interior y en la sencillez  que domina todo el ciclo. Familiar en términos de melodía y armonía la voz de Nataša Mircovic-De Ro se nos presenta aún más clara y conmovedora ofreciendo una y otra vez una brisa de ráfagas de jazz a través de una  Winterreise  atrevida, directa y al mismo tiempo frágil, un acercamiento poético que no puede ser más honesto.
Al fondo cerca quizás de Villafranca del Bierzo se ve a un viejo zanfonista que con los dedos ateridos gira el manubrio como puede,  descalzo sobre el hielo, se tambalea a uno y otro lado con su platillo siempre vacío, nadie quiere escucharlo, nadie lo mira, y los perros gruñen a su alrededor. Él se complace con su destino, da vueltas a su zanfoña que nunca se detiene:
Anciano prodigioso,
¿Puedo irme  contigo?
¿Quieres  acompañarme  con tu zanfoña  mientras yo canto?
Uno de los mejores regalos que nos ha ofrecido este cierre de año en La menor, la tonalidad de la locura y la desesperación .